acción

Cop d’ull (TAF!)

El globo es un símbolo de la infancia y por consecuencia no violento, pícaro, escurridizo. Imposible de criminalizar. Gracias al helio los globos pueden acceder a donde nosotros no podemos, al menos hasta que aprendamos a volar. Los globos mitad foto, mitad reflectantes nos vuelven a nuestro estado original, rompiendo el tópico de violentos donde se quiere enmarcar a las movilizaciones sociales.

La expresión en catalán “cop d’ ull” (“echar un ojo”, y que la traducción literal sería “golpe de ojo”) funciona perfectamente para lo que queríamos expresar.
Sesenta globos plateados inflados con helio, con fotografías adheridas en una de sus caras con diferentes imágenes, dependiendo la dimensión de cada uno, fueron preparados por el TAF! en el trascurso de un mes de pruebas y errores.

Retratos de indignados, jóvenes, ancianos, niños, inmigrantes, con gestos divertidos se elevarían delante publicidades de manera burlesca, se reirían detrás de una columna policial. Los cuarenta globos más pequeños con fotografías de ojos, de un cop d’ ull, desafiarían a las pelotas de goma, a las cámaras que de vigilancia de los bancos y a las que atosigan el espacio público, incluso aquellas que portarían los antidisturbios en sus cascos. Nuestro ejercito de ojos devenía en un Gran Hermano que denunciaba el estado de vigilancia.

EL 12M fueron los reflectantes contra el Mal los que se armaron con ellos, y así, su lado plateado brilló para reflejar junto a ellos, lo que algunas personas, políticos y empresas no quieren ver.

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Barcelona, Mayo de 2012.

 

12M: ¡Los Reflectantes en acción! (fotos)

Fueron tomadas durante la manifestación del 12M en Barcelona, mientras los Reflectantes reflejaban todos y cada uno de los males que encontraban a su paso; todos y cada uno de los causantes de esta estafa que llaman crisis: bancos, empresas transnacionales, gobiernos…
Su grito de guerra favorito: “¡La crisis rebota, rebota y en su culo explota!”. Y es que, así va a ser, para eso han nacido los Reflectantes, para reflejar el Mal contra sí mismo.



Talleres ‘Cómo acabar con el Mal’ (sábado 28 abril)

Los talleres post-jornadas Cómo acabar con el Mal van viento en popa. La idea es llegar a las movilizaciones globales del 12M-15M muy bien preparados, y en ello estamos. Los Reflectantes andan fabricando sus infalibles inflables y sus rayos deslumbrantes, el TAF! (Taller de Acción Fotográfica) sigue dale que te pego construyendo herramientas visuales para los afectados por la hipoteca y mucho más. Ya hemos hecho dos sesiones y se avanzó mucho, ya tenemos unos de los patrones para los trajes de los Reflectantes y dos modelos de inflables terminados. Este próximo sábado (28 abril) llevaremos a cabo la tercera sesión, dedicada a producir en serie estas herramientas, y alguna más.

Por supuesto estás más que invitado, toma nota y no faltes, este espacio es tan tuyo como nuestro.

Día: Sábado 28 abril
Lugar: Can Batlló
Dirección: Carrer de la Constitución 19
Mapa: Pincha aquí
Horario y contenidos:
10:30h-14:00h: Grupos de trabajo.
14:30h: Puesta en común.
15h: Comida popular (5€).
16h. – 18h: Grupos de trabajo.
18h-19h: Puesta en común y debate sobre estrategias creativas para el 12-15M.

Más cosas, los materiales básicos para estas acciones ya están disponibles gracias a Enmedio y la aportación de muchos participantes. No obstante, todo aquello que puedar traer será bienvenido. Aquí va una lista de materiales necesarios.
Cartones grandes. / Cintas Adhesivas de todo tipo. / Llantas de bici. / Tablones finos de madera. / Telas de todo tipo (sábanas de cama, etc.) / Cuerda. / Alambre. / Pintura de todo tipo (plástica, spray, etc.) / Colas y pegamento. / Papeles grandes. / Grapadora y grapas. / Tubos de cartón. / Papel de aluminio. / Todo tipo de cosas plateadas. / Globos grandes.

El soplador de aire para inflar las herramientas de los Reflectantes ya lo tenemos, lo pillamos ayer. Este es el modelo. ¡Ahora ya no hay quien nos pare!

Fotos del taller pasado:

 

Si quieres aprender cómo se hace un inflable, mira este vídeo recién salidito del horno.

Nada más por el momento, nos vemos el sábado.

Fotos ‘Cómo acabar con el Mal’ (talleres)

Plantilla para marcar todo aquello que está mal (que no es poco).

Nunca antes habíamos organizado un taller tan masivo. A las presentaciones y charlas es habitual que venga mucha gente, pero a unos talleres… ¡tanta gente dispuesta a hacer cosas! Eso es nuevo.

En este muro todo el mundo apuntó sus intereses y capacidades, para saber con qué contábamos. Una auténtica base de datos para acabar con el Mal.

John Jordan y Kevin coordinando una de las muchas dinámicas de grupo que se llevaron a cabo.

Leo impartiendo su taller sobre activismo y ficción.

Un rincón para compartir materiales.

En otro rincón Mariana nos enseña las tácticas gráficas del GAC para intervenir espacios.

Jason de Not an Alternative! impartiendo su taller sobre herramientas de visibilidad.

Ambiente en uno de los espacios de la sala. Varios grupos de trabajo conspirando para acabar con el Mal.

Kevin facilitando la tarea de compilar los resultados de los grupos de trabajo.

Descanso a mediodía.

Por la tarde, más dinámicas de grupo.

Y más talleres impartidos.


El grupo Eclectic Electric Collective de Alemania nos enseñan su tecnología inflable.

Aviv nos habla de las experiencias de microresistencia vecinal llevadas a cabo en el distrito Ciutat Vella de Barcelona.

Leo, Chus y Álex nos cuentan cómo se diseñó la campaña No vas a tener una casa en la puta vida.

En estos talleres hubo lugar para todos, desde los más grandes hasta los más pequeños.

Campa documentando todas las actividades del taller.

Un grupo de la PAH (Plataforma Afectados por la Hipoteca) se unen al taller. Juntos desarrollamos herramientas útiles para su lucha contra los bancos.

Not an Alternative!, el TAF (Taller de Acción Fotográfica) y miembros de la PAH trabajando juntos.

Oriana probando la eficacia de los escudos contra deshaucios desarrollados por este grupo de trabajo. ¡Funciona!

Nico presenta los resultados del grupo de trabajo dedicado a producir herramientas útiles para la lucha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.


Grupo de diseño gráfico trabajando.

Grupo de diseñoa gráfico presentando los resultados de su trabajo.


Grupos de intervención en la calle y en los espacios del Mal, presentando sus resultados.


Grupo “Reflectantes” trabajando y mostrando sus recultados: una batería de herramientas capaces de abortar operaciones policiales en manifestaciones.




Una experiencia inolvidable para todos los asistentes. Ahora sí que estamos preparados para acabar con el Mal. Esto no ha hecho más que empezar.

Los Reflectantes ya están aquí

Los talleres de Cómo acabar con el Mal fueron una auténtica máquina de creatividad. De allí salieron un montón de buenas ideas,  por ejemplo el Bloque Reflectante, también conocido como Los Reflectantes. Una especie de superhéroes dotados de rayos reflectantes, capaces de arruinar con sus brillos cualquier grabación que la policía realice durante una manisfestación, tanto a pie de calle como desde su molesto helicóptero. La idea es muy sencilla: ellos apuntan su cámara hacia ti, y tú apuntas tu rayo hacia ellos, aprovechando la luz solar. Además de cegarles y provocar así unas divertidísimas muecas (ideales para ampliar tu colección de fotografías humorísticas), conseguirás también hacerte invisible y desaparecer de sus grabaciones, el destello solar que los rayos producen harán de ti un resplandor misterioso.

Otro de los complementos que estos superheroes portan son los Cubos Inflables, una supertecnología importada desde Alemania por el grupo de arte activista Eclectic
Electric Collective
, son unos cubos de aluminio rellenos de aire que sirven principalmente para dos cosas: una, divertirnos durante las manifestaciones (os aseguramos que te lo pasas en grande lanzando y golpeando esas cosas), y dos, parar cargas policiales. Sí, has leído bien. Estos cubos son capaces de deterner una carga policial. Lo probamos el otro día durante la huelga general.

Acudimos con un prototipo para probarlo en la manifestación y, como muestra la foto de arriba, nos divertimos un montón con él, además de resultarnos de gran ayuda a la hora de mantener nuestro grupo de afinad unido. Ya por la tarde, durante una de las muchas cargas policiales que se llevaron a cabo alrededor del Corte Inglés, tuvimos oportunidad de probar sus dotes de resistencia. Imagínate la escena: miles y miles de personas intentando manifestarse cuando de repente aparecen seis furgonetas de policía a toda pastilla, abren las puertas y unos 30 policías salen de ellas furiosos y con ganas de dar hostias a diestro y siniestro. La primera reacción de la gente, claro, fue huir despavoridamente,  justo en ese momento nosotros nosotros decidimos poner a prueba el arma secreta de los Reflectantes, y lanzamos el cubo contra los agentes del desorden. No veas cómo funcionó. Al menos diez de ellos se detuvieron por completo, no sabían qué hacer con eso, comenzaron a propinarle porrazos pero el maldito inflable no se rompía, después empezaron a empujarlo hacia la gente, pero la gente, claro, se lo devolvía una y otra vez. El efecto fue incríble, además de abortar la operación policial, la escena cambió radiacalmente de un instante a otro, el pánico provocado por la carga policial se tornó en juego y diversión, las imágenes de violencia se enfumaron de golpe dejando paso a lo absurdo que resultaba ver a un grupo de policías intentando acabar con un globo de aire gigante y plateado.

Y eso no fue más que una prueba, lo bueno está por llegar. Durante los siguientes días del taller diseñamos otros tres modelos, y para el día 12 de mayo queremos tener listos un montón de ellos. Para eso vamos a organizar unos cuantos talleres más. En esta página y en las redes sociales anunciaremos sus fechas, estate atento y no te lo pierdas. Si estás interesad@ en participar de este Bloque, si quieres convertirte en un o una Reflectante, no tienes más que acudir a estos nuevos talleres y unirte al grupo, nos lo vamos a pasar en grande. Y además, le vamos a dar la vuelta a esa maldita estrategia de represión que pretende dividir a los manifestantes “buenos” de los “malos”. Los Refectantes han llegado para evitar que caigamos en trampas como esa porque, como ellos muy bien dicen, la gente que nos manifestamos contra la crisis no somos ni violentos ni pacíficos, ¡somos el 99%! Nada más ni nada menos.

Fotografías de los desalojos de Nueva York, Oakland y Portland.

Mira esta colección de fotografías de los desalojos de Nueva York, Oakland y Portland. Están tomadas en primera línea y son de lo mejor que se ha visto por ahí.
Si nos expulsan de las plazas, ocuparemos el mundo.

Todas las fotografías aquí

#OccupyWallStreet o la bendita metamorfosis (Ángel Luis Lara)

“Venimos para quedarnos”. El mensaje es exhibido por una simpática señora de unos setenta años. No es una joven e irrendenta activista. Es, simplemente, una señora de setenta años. La acampada del movimiento #OccupyWallStreet en el corazón del distrito financiero neoyorquino supera las tres semanas de existencia y ya no es la misma. Desde que arrancara el pasado diecisiete de septiembre se ha transformado. En sentido inverso a lo que le sucediera al Gregorio Samsa de Kafka, la metamorfosis se ha producido desde el ser extraño a la persona común. Como si las lluvias torrenciales caídas en Nueva York la semana pasada hubieran ayudado a enjuagar la inercia inicial hacia lo identitario, el lastre de lo ideológico, la supremacía de los significantes y la lógica activista tout court. #OccupyWallStreet ya no es el mismo movimiento. Sin embargo, su existencia se debe en gran medida a la decidida obstinación de los apenas doscientos activistas que han mantenido el campamento contra viento y marea desde su inicio. La metamorfosis de #OccupyWallStreet posee una naturaleza eminentemente incluyente: todos y todas formamos parte de ella. También la mayoría de los que compartimos pesimismo en las calles del distrito financiero de Nueva York ante el evidente fracaso inicial de la convocatoria el pasado diecisiete de septiembre: lejos de irnos a casa y de abandonar el barco, cada uno y cada una ha aportado su granito de arena como ha sabido, como ha podido y como ha aprendido durante estas semanas. Ese es el milagroso efecto del 15M y de los movimientos en el Mediterráneo: nos hemos imbuido de una extraña y maravillosa energía, una especie de determinación colectiva que no nos abandona. Estamos aprendiendo que, a diferencia de los partidos o las instituciones, los movimientos no tienen miedo a las transformaciones, a los cambios o a los gerundios. Ser movimiento es estar en movimiento. Sabíamos que se trataba de romper la burbuja inicial, de cambiar. Parece que, poco a poco, entre todos y todas lo vamos consiguiendo: hace unos días decenas de miles de personas tomaron el sur de Manhattan al grito de #OccupyWallStreet!. El pasado mes de julio el colectivo de cultural jammers Adbusters lanzaba la convocatoria y vaticinaba que veintemil personas tomarían Wall Street. Nos equivocamos estrepitosamente aquellos que subestimamos sus previsiones. Adbusters tenía razón, a pesar de Adbusters. No ha sido en la fecha prevista, pero ha ocurrido tres semanas después.
Tras el diecisiete de septiembre proponíamos un relato parcial de los inicios del movimiento y de la problemática disonancia observada entre lo esperado y lo realmente acontencido aquel día en Nueva York. Lo que sigue son nuevas notas de viaje. Tal vez ayuden a trazar mapas actuales del movimiento y de sus mutaciones. Entre límites probables y potencias posibles. Entre decidida obstinación y bendita metamorfosis.

Movimiento y efecto mariposa

Es cierto que uno no cambia si no está dispuesto a cambiar. Ocurre a veces, sin embargo, que elementos fortuitos y azarosos modifican hasta tal punto la coyuntura que habitamos que no nos queda más remedio que cambiar. Si además hablamos de un proceso abierto e indeterminado, como es el caso del movimiento #OccupyWallStreet, el dibujo necesariamente caótico que va trazando con su devenir subraya la relevancia de lo azaroso. Ese es el principio que orienta el denominado efecto mariposa: “dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes” (Wikipedia). Mientras los partidos y las instituciones se llevan mal con el azar, los movimientos sociales lo convocan constantemente. En este sentido, #OccupyWalStreet ha vivido una especie de efecto mariposa. La aparición de un input externo ha producido una importante variación que ha modificado su suerte: al igual que sucediera en Madrid y Barcelona con el movimiento 15M, la policía se ha aliado involuntariamente con #OccupyWallStreet y le ha dado vida de manera determinante. Las imágenes de los centenares de arrestos indiscriminados e injustificados, así como la dureza y la violencia exhibida por las fuerzas policiales en su relación con el movimiento, se han replicado masivamente en Internet y en medios de comunicación, afectando a los sectores más progresistas de la sociedad estadounidense y generando la aparición de un reseñable campo de empatía. El contraste entre la violencia policial y el carácter decididamente pacífico de #OccupyWallStreet ha funcionado como un campo magnético que ha atrapado no sólo la atención sobre el movimiento, sino también los afectos. Ni uno solo de los responsables del desastre económico desatado desde Wall Street ha sido detenido y procesado. Casi novecientas personas han sido arrestadas desde que el movimiento ocupara Liberty Plaza el pasado diecisiete de septiembre. El contraste se ha hecho sencillamente insoportable para mucha gente.
En realidad, ese contraste ha desembocado en una cadena sucesiva de inputs que están en la base del crecimiento y de la positiva evolución del movimiento. La secuencia es sencilla: la violencia policial injustificada atrae a los media, que atraen a algunos personajes públicos con influencia en importantes sectores de la opinión pública local y mundial (Michael Moore, Susan Sarandon, Tim Robins), lo que intensifica el interés de los media, lo que desemboca en que, finalmente, la izquierda le conceda importancia al movimiento y quiera asociarse a él. Bingo. Ya no estamos solos. No sólo todo el mundo nos está mirando, sino que muchos no se conforman con mirar y quieren participar activamente: error en el código fuente del activismo tout court y del nos-otros que hasta ahora había definido y conformado el movimiento. El proceso reclama la abolición de la diferencia entre el nos y el otros. No hay un adentro y un afuera. Somos el 99%. Todos cabemos en #OccupyWallStreet. No se trata de una sentencia definitoria, sino de una posibilidad real. Ese es ahora el gran reto.

Argonautas en Liberty Plaza: ¿una vez en el Kula, siempre en el Kula?

Mientras el movimiento era solamente cosa de activistas la ocupación de Liberty Plaza estaba poblada fundamentalmente por Argonautas: Nueva York no está en el Pacífico Sur, pero #OccupyWallStreet descansaba en una lógica muy parecida a la que Bronislaw Malinowski describiera en 1922 en su clásico Los Argonautas del Pacífico Sur, en el que daba cuenta de las formas de intercambio entre los pobladores de la provincia neoguineana de Milne Bay. Según el célebre antropólogo polaco, la institución fundamental de ese intercambio era el Kula, una práctica de interacción social que descansaba en el trueque de objetos sin valor de uso alguno. Esa carencia de utilidad como base de las interacciones parecía haberse transportado por arte de magia hasta Liberty Plaza. Era algo que llamaba poderosamente la atención en los primeros días de acampada. Más allá de las actividades concretas de logística, proliferaban prácticas y lenguajes que, en realidad, nadie estaba muy seguro de que sirvieran realmente para algo. Como en el Kula, lo que los activistas poníamos en juego era una suerte de ritual que, lejos de disolvernos, acentuaba nuestros lenguajes, nuestras estéticas y nuestro sentido particular. Afortunadamente, esa lógica se ha visto limitada por la llegada masiva de personas y de diferencias, lo que parece estar contribuyendo decisivamente al debilitamiento del ritual activista, orientando necesariamente el movimiento hacia la producción de espacios operativos y de herramientas útiles para la participación activa de todos y todas. Es un proceso lento, plagado de problemas y de tensiones, pero ya se han dado los primeros pasos. Han aparecido mesas de información, foros públicos, pequeñas asambleas, tablones de anuncios. Valores de uso concretos. Herramientas. Bye bye Kula, hello people.
Quizá lo más interesante del proceso es que ha sido simplemente una frase la que se ha constituido en el elemento más decisivo de la derrota del orden Kula: “We are the 99%”. Jesús Ibáñez mantenía que el orden social es siempre del orden del decir. La hegemonía de la frase “We are the 99%” en el conjunto de los eslóganes del movimiento ha modificado la suerte de éste por lo menos en dos direcciones: por un lado, ha funcionado como un enunciado evidentemente incluyente que ha hecho que la gente común se sienta interpelada y se acerque al movimiento; por otro lado, nos ha obligado necesariamente a abrirnos y a devenir ese 99% que declaramos ser. Se trata de una frase reversible: We are the 99% ha conectado hacia afuera y ha modificado hacia adentro. Ahora, cuando alguien exhibe un comportamiento sectario, reproduce un lenguaje ideológico o hace una propuesta excluyente, basta con decirle “no, es que somos el 99% de la gente”. Es muy probable que sigamos sin convencerle, mucho menos que consigamos que deponga su actitud, pero lo que sí es incuestionable es que ahora está en fuera de juego. La semántica determinando la materialidad de las prácticas. ¿El mundo al revés? No, puro sentido común. Puro sentido hacia lo común.

El nieto de César Vallejo en Wall Street

No obstante, el fin de la supremacía del orden Kula y de las lógicas con escaso valor de uso no ha arrastrado consigo el cierto desorden que a ratos emerge en Liberty Plaza, dificultando notablemente los procesos incluyentes y de participación en el movimiento. Hay una anécdota que ilustra esta decisiva dificultad por encima de otras. Una de las noches que nos dieron las tantas entre la charla, la lluvia torrencial y la conspiración, o sea, el respirar juntos, unos pocos acabamos entre cervezas en el O’Hara’s, un pub cercano en el que uno tiene siempre la sensación de haber entrado en el set de rodaje de The Wire y que en cualquier momento se va a topar con el bueno de McNulty y el ínclito Moreland ahogando en alcohol sus miserias y sus frustraciones. Allí, sentado en la barra y borracho como una cuba, encontramos a un chico muy joven, solo y desolado, a todas luces parte de los heróicos y pasados por agua acampados en Liberty Plaza. Al preguntarle inquietos por su estado de ánimo y lo evidente de su soledad, el joven nos contó que se había sumado al movimiento porque quería ser poeta. Tras leer en Internet que en el campamento de #OccupyWallStreet existía una asamblea de poetas, lo que es efectivamente cierto, no lo había dudado ni un instante y había cogido su saco de dormir y sus poemas y se había instalado en Liberty Plaza desafiando a las autoridades, a las lluvias ingentes de esos días y a los fríos nocturnos. Después de que evocáramos inevitablemente al gran Vallejo (“Wall Street madrugada de jueves un otoño con aguacero”), el chico continuó su amargado relato: llevaba cinco días con sus cinco noches recorriendo la plaza como alma en pena preguntando sin cesar por la famosa asamblea de poetas, sin haber podido encontrar interlocución alguna capaz de orientarle sobre la dichosa asamblea. Quedamos desolados. Si el movimiento no estaba siendo capaz de ayudar a un joven en su deseo de ser poeta, algo estábamos haciendo rematada y dramáticamente mal.
Ese tipo de desorganización, quizá difícil de evitar en una experiencia de ocupación de un espacio público tan precaria como la del campamento de Liberty Plaza, puede estar dificultando relativamente la integración de la gente en la dinámica del movimiento. Parte del problema seguramente tenga una naturaleza cultural: entre los amigos y las amigas españolas que estamos viviendo juntos #OccupyWallStreet no deja de llamarnos la atención la dificultad que encuentran los estadounidenses para hacer sociedad, para componer en común. Es una sensación muy parecida a la que genera la serie Treme: todos los personajes son sujetos de una suerte de insubordinación molecular y cotidiana, pero al final siempre acaban solos y sin poder afrontar sus problemas en colectivo. Es, muy probablemente, una violenta consecuencia antropológica de la desestructuración social originada por décadas de extremo neoliberalismo, ligada estrechamente a la profunda atomización que caracteriza la vida social en Estados Unidos. Desde este prisma, resulta evidente por qué entre muchos de los participantes en #OccupyWallStreet se observa una tendencia a concebir el sentido de la experiencia en Liberty Plaza como un acto de resistencia: seguramente pueden imaginar fácilmente la posibilidad de defender una plaza tomada, pero quizá tengan dificultades para concebir la creación de un mundo dentro de ella, no digamos la idea de que la plaza se pueda disolver para empapar toda la ciudad. Desde este punto de vista, no es de extrañar que el movimiento se defina explicitamente en su página web como un movimiento de resistencia (“Occupy Wall Street is leaderless resistance movement (…) The resistance continues at Liberty Square”). Houston, tenemos un problema.

Izquierda y opinión pública

A veces, cuando uno escucha a alguno de los activistas que pernoctan en la plaza o conversa con alguno de los jóvenes que componen el comité de cocina o el media center, no puede evitar tener la sensación de estar frente a uno de los personajes de Muchachada Nui: el mítico Cabeza de viejo, cuerpo de joven. Una aparente y relativa predisposición hacia la repetición de lo existente relcionada seguramente con dos de las diferencias sustanciales entre #OccupyWallStreet y el 15M.
La primera de esas diferencias es que mientras que el movimiento en España demuestra unos niveles reseñables de desconfianza y de rechazo hacia lo instituido, el movimiento en Nueva York reconoce la alianza con las instituciones de la izquierda como una clave sustancial de su estrategia. Es cierto que la situación en España y el contexto estadounidense tienen poco en común en este sentido, pero no es menos cierto que en una coyuntura local tan dura como la actual, hecha de Tea Party y de extrema apatía generalizada, el hecho de que #OccupyWallStreet esté consiguiendo movilizar el disenso y obligando a la izquierda a recomponerse, es ya en sí mismo una conquista de un mérito incuestionable.
La segunda de las diferencias entre #OccupyWallStreet y la fenomenología asociada al 15M viene determinada por el contraste entre un movimiento que hace del anonimato su herramienta más potente y otro que convierte la presencia de personajes públicos en una de sus bazas más significativas. Mientras que en la Puerta del Sol de Madrid ni se reclamaba ni se veía necesaria la presencia de personajes famosos, no se puede entender el impulso que ha tomado #OccupyWallStreet sin la presencia de personalidades como Michael Moore, Susan Sarandon, Tim Robins o Naomi Klein. En el fondo, y a pesar del “We are the 99%”, lo que subyace es una cierta incapacidad por parte del movimiento para desactivar la categoría de opinión pública a la hora de pensar a la gente. La centralidad de los personajes famosos como representaciones del movimiento no sólo podría ser susceptible de colocar a la gente en el papel de público, sino que seguramente puede resultar problemático a la hora de desaprender definitivamente la supuesta existencia de un adentro y de un afuera de Liberty Plaza. Si no somos capaces de desprendernos por completo de esa dicotomía, por mucha simpatía que seamos capaces de generar, corremos el riesgo de concebir a las personas como espectadores. Hace unos días un amigo me decía: “nos hemos ganado a la gente”. Yo me acordé de Fernando Gaviria, un ex-guerrillero brasileño que en uno de sus libros cuenta una anecdota muy interesante: en medio de un viaje clandestino a Río de Janeiro, un taxista le reconoció y le dijo: “yo sé quién es usted y le admiro mucho. Ustedes son como los astronautas, hacen cosas que todos sabemos que hay que hacer, pero que ninguno nos atrevemos a hacer”. Gaviria entendió inmediatamente que si la gente los veía como astronautas, ya habían perdido. Seguidamente abandonó la guerrilla.

De lo conquistado

Sin embargo, y pese a que los viajes al espacio puedan constituir un peligro posible para el movimiento neoyorquino, afortunadamente todavía no hemos visto ningún astronauta en Liberty Plaza. Nada de lo que allí sucede implica la necesidad de un atrevimiento desmedido e impracticable. Conversaciones, bailes, asambleas, juegos para niños, picnics improvisados sobre la acera, talleres y reuniones constituyen actividades participables por el común de los mortales. Como decía un amigo hace unos días a voz en grito y subido a una de las jardineras de la plaza: “no tenemos que convencer a la gente, nosotros somos la gente”. “El 99%”, le contestó un señor mayor que aplaudía sus palabras.
Pese al cúmulo de límites con los que seguramente contamos, #OccupyWallStreet ya no es el mismo movimiento que arrancó durante el verano. Mucho menos aquella cita paseada por unos pocos cientos de activistas el pasado diecisiete de septiembre. Ahora el movimiento es de las personas. Más de los gerundios que de los adjetivos. Su máximo logro es el hecho mismo de su existencia: Liberty Plaza representa la reconquita de la sociabilidad, la posibilidad de poner en común, el bloqueo de la soledad. Por eso lo primero que uno percibe al entrar en la plaza es una suerte de alegría contagiosa, una emoción difícil de explicar. Algunos neoyorquinos han comenzado a llamarlo “el milagro de estar juntos”. Eso ya no es la indignación, es mucho más. Eso ya es otra cosa.

TAF! (Taller de Acción Fotográfica)

El TAF! es un taller fotográfico aplicado y pensado para la acción. Lo coordina Oriana Eliçabe, fotodocumentalista reconocida y miembro de Enmedio.
Para el TAF! el espacio de la ciudad es una frecuencia que puede ser interrumpida con imágenes cuando menos se lo espera, de golpe: TAF! Nuestra sala de exposiciones es la calle. El marco para nuestras imágenes es el contexto social que nos envuelve, y el comisario, la gente involucrada en las luchas que representamos. Nuestras cámaras son espejos que reflejan lo que somos y lo que nos sucede, El objetivo: acercarnos al otro.

En los talleres del TAF! utilizamos diferentes metodologías para abrirnos paso por los terrenos menos explorados de la fotografía documental, los que atienden a su quehacer político tanto en la realización como en su distribución. El TAF! nace en medio de la crisis, la económica y la de los medios de comunicación. Y nace también en medio de Enmedio, por eso el arte y del activismo son sus ingredientes básicos.

Apúntate al TAF!, verás lo que una fotografía puede.

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Si quieres saber más sobre el TAF!, pincha aquí.

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Vídeo de la intervención fotográfica "Plántale cara a la crisis"

El sábado 21 de Marzo, Enmedio se trasladó a Plaza Cataluña para plantarle cara a la(s) crisis…

Visitamos con el TAF! el mercedo de la Boquería, las Ramblas y fotografíamos a trabajadores en su espacio de trabajo. Organizamos un taller de foto-intervención en Enmedio y armamos un estudio fotográfico móvil que después instalamos en la #acampadabcn, en Plaza Catalunya.
Con este proyecto perseguimos dos objetivos: por un lado, fotografíar a trabajadores en su puesto de trabajo; trabajadores que, hartos de la crisis y la clase política, apoyan las acamapadas en las plazas españolas, pero que su horario laboral no les permiten estár allí presentes. Esas fotografías las imprimimos en grandes dimensiones y las instalamos en la plaza y en la ciudad, para que, al menos su imagen, sí que esté presente.
Por otra parte, el estudio fotográfico móvil instalado en Plaza Catalunya, ofreció a todo el mundo, la posibilidad de tomarse un retrato plantando cara a la crisis. Con esas fotos, con esas caras, imprimimos pancartas gigantes.

Superbarrio visita Enmedio

¿Qué es eso ahí arriba? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es otro plan urbanístico? ¡Es Superbarrio! ¡Y viene a visitarnos!

En sus apariciones televisivas, este superhéroe del activismo social, siempre ha dejado claro que su misión es defender y proteger los derechos de la gente común. Lleva más de veinte años haciéndolo.
El próximo jueves 28 de abril Superbarrio se pondrá Enmedio. A eso de las 20h aterrizará en nuestro espacio vestido con su traje rojo, su capa dorada y su máscara de luchador dispuesto a contarnos su verdadera historia: cómo nació, qué causas ha defendido, contra qué villanos se ha enfrentado.

No te pierdas esta oportunidad de presenciar todo un símbolo del movimiento popular mexicano. Ven a conocer de cerca a Superbarrio, puede que un día también tu barrio se encuentre en peligro de especulación (si vives en Barcelona eso es más que probable) y necesites de sus servicios. Además, no todos los días se cruza uno con un auténtico superhéroe, ¿a que no?

Una actividad co.organizada por Enmedio y The Influencers)