Jueves Enmedio

Resumen de la pasada sesión de Enmedio de la vida y la política

El jueves pasado tuvimos encuentro de las cosas estas que hablamos aquí. Al final, de manera inesperada, se me pidió hacer un resumen de lo hablado. Como no tomé notas y a ratos no estuve muy atento, sino que divagué por mis interioridades, es poco lo que recuerdo, y sesgado. Pero ahí va: se dijeron redundancias de sesiones anteriores que no voy a repetir, básicamente consisten en proclamar que tenemos claro el diagnóstico pero no encontramos tratamiento. Alguien dijo que en otra época la dominación iba asociada al aburrimiento, del que nos querían aliviar mediante el espectáculo, razón por la cual se hizo una crítica situacionista al tema. Pero ahora, el malestar no va asociado al aburrimiento, la movilización total y continua de nuestras vidas hace que no pase por el aburrimiento ni por la crítica del espectáculo ningún tipo de intervención. Estamos mal, pero no nos aburrimos. Otros nos dijeron que durante los últimos años se han dedicado, consciente y deliberadamente, a desmoralizar. Era necesario conseguir que la gente dejara de creerse las falsas esperanzas de la izquierda. A ratos vimos fragmentos de dos películas: “American beauty” y “El club de la lucha”. Aquí también nos decían que cuando ya no tienes esperanzas es cuando comienzas a ser libre. También hubo algún comentario en el sentido de que el discurso de la desmoralización tenía el peligro de convertirse en discurso de la impotencia, cosa que debería evitarse. Si bien el discurso de la esperanza no lleva a ningún sitio, debemos insistir en investigar, investigar, investigar, a ver si encontramos manera de salir de esto. Puesto que parece que queremos salir, alguien dijo que se trata de cambiar el mundo ¿o no? Porque si no, no se sabe qué hacemos aquí. En el club de la lucha, el descenso hasta tocar fondo de su protagonista, su pérdida de toda esperanza que le conduce a la libertad, va acompañado de la locura. Porque este mundo, aunque sea a las malas, se sostiene. La vida solitaria y precaria se deja vivir. A veces estallas, a veces algunos revientan, pero en general la mayoría de la gente va tirando, el malestar se deja vivir, se cronifica y sigues adelante con él. La alternativa, el tocar fondo y perder toda esperanza, conlleva un coste que nuestro cálculo racional no está dispuesto a asumir. Parece como si ciertos procesos tuvieran que apoyarse más bien en nuestros instintos, en los deseos que pasan por encima cualquier cálculo, para poder brotar, la cuestión es cómo hacerlo sin que esto nos lleva a la desconexión con la realidad que sufre Tyler Durden. Ya está. Esta crónica es parcial y sesgada, como decía al principio. Y como hoy es día 27 me ha salido con este tono, pues los días impares soy pesimista y partidario del “cuanto peor mejor”. Los días pares me concedo la gratificación de algún pequeño y fútil optimismo.

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