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KLF. A la subversión por el vandalismo.

klmFuente original: Revista LaDinamo

Corta y pega
En 1986 Jimmy Cauty y Bill Drumond decidieron convertirse en pareja musical. Les unía su afición al hip hop y a la saga de novelas de ciencia ficción Illuminatus, una trilogía de culto a medio camino entre el mesianismo, el sarcasmo y las teorías de la conspiración que serviría de inspiración para la mayoría de los nombres de canciones y discos del grupo. El dúo se forma con el nombre The Justified Ancients of Mu Mu (The JAMS), una secta subversiva que aparece en Illuminatus y que se dedica a sabotear el sistema introduciendo información falsa bajo una apariencia de total seriedad, y como arma principal escogen el sampler. Recordemos que en aquellos años recurrir al sampler para reciclar pedazos de canciones ajenas era sinónimo de tener que pelear con las divisiones legales de todas las discográficas del mundo. Lejos de hacer un uso sutil de la nueva herramienta tecnológica, The JAMS la emplearon para descontextualizar grandes clásicos de la historia del rock y del pop tomando fragmentos reconocibles de canciones y uniéndolas sobre un breakbeat, algo bastante parecido a lo que hoy se denomina bootlegs. Por ejemplo, su primer single, “All you need is love”, era una mezcla explosiva de “All you need is love” de los Beatles y “Touch me (I want your body)” de Samantha Fox. La astracanada recibió excelentes críticas por parte de la prensa más vanguardista.

Con esta actitud, no es de extrañar que llegasen pronto los problemas legales. Su primer álbum, What the fuck is going on?, incluyó un sampleado del “Dancing Queen” de Abba que les valió una denuncia de los abogados del grupo sueco y de la asociación británica de gestión de derechos de autor. La respuesta de Cauty y Drummond sentaría un precedente para sus futuras apariciones públicas. El dúo viajó a Suecia acompañado de dos periodistas del semanario musical británico New Musical Express. Llevaban consigo la tirada completa del polémico single y tenían la intención de reunirse con los miembros de ABBA para negociar un acuerdo. Como nadie de ABBA estaba dispuesto a recibirlos, decidieron quemar todos los ejemplares del single y lanzarlos por la borda del ferry que les llevaba de vuelta a Inglaterra.

En 1988 el dúo se refunda como The Timelords y vuelve a las andadas en el terreno del sampleado grueso con “Doctorin’ the tardis”, un single que mezcla el riff de “Rock and roll part 2” de Gary Glitter con el tema central de la serie de ciencia ficción británica Doctor Who. Cauty y Drummond plantearon este single como una ruptura voluntaria con el underground para hacer un hit. Efectivamente, Doctorin’ the tardis vendió un millón de copias mientras la crítica vanguardista que hasta entonces los había apoyado lo calificaba de “rancio”. La experiencia del “éxito” les sirve para escribir The Manual, un libro en el que explican, en palabras de Drummond, que: “Si quieres tener un número uno en las listas, puedes hacerlo. No te va a hacer ni más feliz ni más rico, pero puedes hacerlo”. En The Manual se aconseja vivamente estar en el paro si se quiere fabricar un número uno, trabajar o estudiar no es compatible con el éxito en las listas porque “desde el paro se ve muy bien cómo funciona la sociedad”. Para los que creen que llegar al número uno es una cuestión de talento musical, hay otro consejo: “Tira tus instrumentos a la basura. O mejor, véndelos”. The Manual acaba prediciendo su propia inutilidad: “el abaratamiento de la tecnología facilitará hacer música en casa y poder mandar a la industria del disco a tomar por saco con toda tranquilidad”.

Acidez y estrellato
El peculiar camino al estrellato de The Timelords/ The JAMS se cruzó de lleno con la explosión del acid house en Inglaterra. Aunque Cauty y Drummond llegaron tarde al llamado “verano del amor” de 1988, formaron parte de una segunda oleada de ravers menos obnubilados por la novedad del fenómeno, más políticos e infinitamente más extravagantes. Entre los años 1989 y 1992, las páginas de los tabloides británicos se llenan de historias de energúmenos fuera de sí que aterrorizan a los británicos de bien tanto en la apacible campiña como en las educadas ciudades: el colectivo Spiral Tribe hace una rave ilegal justo debajo del Big Ben, Aphex Twin acaba con media cabaña bovina del condado de Cornualles paseando con un vehículo que genera frecuencias subgraves, etc.

En este contexto aparece en 1989 KLF con el propósito de hacer pura música de baile sin “referencias a la historia del rock” y ese mismo año publican dos himnos del acid house: “What time is love?” y “3 AM eternal”. También entran en las páginas de los tabloides cuando en la rave Helter Skelter lanzan mil libras al público con el mensaje “os queremos, niños” escrito en cada billete. Por lo demás, KLF van ganando popularidad con cada uno de sus nuevos singles y participando en nuevos proyectos: Cauty comienza a pinchar en las sesiones Land of Oz en Londres junto a Alex Patterson, con quien, además, funda The Orb. Basado en el sonido de estas sesiones, se pública en 1990 Chill Out, un disco pionero del tipo de ambient house que se popularizaría enormemente en la primera mitad de los años noventa y que, al contrario de lo que le ha sucedido a la mayoría de este subgénero, ha soportado decentemente el paso del tiempo.

El delirio llega a partir de octubre de 1990, con la publicación de una serie de singles a los que denominan Stadium House, que culminará con la publicación del LP The White Room. Uno tras otro los hits de este disco (“What time is love?”, “3 AM Eternal”, “Last train to trancentral”) van llegando a los números uno y dos de las listas americanas y europeas. El sorprendente resultado fue que en 1991 KLF fue el grupo que más singles vendió en todo el mundo.

Despedida y cierre
En febrero de 1992, KLF obtienen el galardón de mejor grupo británico del año y son invitados a actuar en los BRIT (los premios de la industria musical inglesa) junto al grupo de grindcore Extreme Noise Terror. Cauty y Drummond habían planeado una actuación “violentamente antagonista” para molestar a los capos de la industria discográfica. La idea consistía en lanzar cubos de sangre de oveja a los asistentes a los premios. Sus intenciones lograron poner de acuerdo a los abogados de la BBC y a los veganos radicales de Extreme Noise Terror para evitar el derramamiento de litros de sangre ovina. Al final la perfomance quedó reducida a la aparición de Drummond con muletas disparando con un arma de fogueo a los asistentes y al lanzamiento de una oveja muerta en la fiesta VIP posterior a la ceremonia. Al acabar la actuación una voz anuncia: “KLF acaba de dejar el negocio musical”.

Nadie se tomó en serio el anuncio final de la ceremonia de los BRITS: la popularidad de KLF crecía por momentos y las entrevistas y artículos sobre el grupo se multiplicaban. La situación se asemejaba bastante a la peripecia del protagonista de la serie británica Caída y auge de Reginald Perrin, cuando funda una empresa de venta de objetos inútiles que obtiene un éxito arrasador y luego es incapaz de acabar con ella porque todas sus tácticas para provocar la ruina no hacen sino hacer crecer el negocio. KLF querían verdaderamente provocar problemas a la industria musical y no hacer un simple espectáculo para vender más discos, pero la cosa no era ni mucho menos tan sencilla. Cuando en mayo de 1992 KLF anuncia su retirada definitiva de la música y el descatalogamiento de todos sus discos, muchos periodistas y ejecutivos de las discográficos se resistían a creer que Cauty y Drummond estuvieran dispuestos a desprenderse de semejante dineral.

Los planes de KLF, ahora convertidos en artistas de la K Foundation, iban más allá de renunciar a su dinero futuro. También se deshicieron del dinero conseguido con KLF quemando un millón de libras en agosto de 1994 en la isla escocesa de Jura. El proceso quedó recogido en un vídeo asépticamente titulado La fundación K quema un millón de pavos. El escándalo, ahora sí, fue mayúsculo. Como decía el director de cine Michael Haneke a propósito de una película suya cargada de aberraciones y barbaridades, la única escena que había generado polémica era una en la que se veía a un tío tirando dinero por el retrete.

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