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Este capitalismo lucra con el trabajo y la vida (Entrevista a Christian Marazzi)

global_financial_crisis.jpgpor Claudio Jampaglia (Liberazione, 04/10/2008)

– Escasez crediticia, crisis de liquidez, balances llenos de títulos
“tóxicos”, parece que el sistema que vos llamaste del “bio-capital” está
gravemente enfermo…

Está sucediendo, a mi modo de ver, que aquello que algunos llamaron
capitalismo gerencial o accionario (“capitalismo manageriale o
azionario”) y otros bioeconomía, esto es, este capitalismo de los
últimos veinte años, está evidenciando toda su fragilidad. El punto no
es tanto la escasez de liquidez o de capitales en el sistema. No la hay.
Y, de todos modos, los bancos centrales se comprometen cada día a
mantener la liquidez. El punto es que hay una total desconfianza en el
mundo financiero y bancario. Para las operaciones actuales los bancos ya
no tienen la posibilidad de acudir el uno al otro. Nadie sabe cómo están
los balances de la banca puerta adentro. No se confía más. Y esto es lo
que conecta a la crisis financiera con la economía tout court. Y en esta
situación la recesión no puede sino amplificarse.

– ¿Y cómo sale el capitalismo de allí?

– Comenzamos a decir cómo podemos imaginar que no saliese… Depende de
cómo se define este nuevo capitalismo financiero. En general —y esto
vale sobre todo para la izquierda— todas las culpas de la crisis se le
imputan a la perversión de las finanzas y a las opciones que no
privilegian las inversiones para la innovación, para la ocupación. Esto
es, a la financierización se la acusa de haber producido sólo renta
financiera y no crecimiento económico, reiterando esa división entre,
por un lado, la economía real y, por el otro, la economía financiera y
monetaria, división que, yo creo, pertenece ya al siglo XX. Las
coordenadas del crecimiento capitalista de los años ’70 se basaron,
precisamente, en una nueva relación entre máquinas y trabajo vivo; y el
camino que el capital siguió fue el de, metafóricamente hablando, salir
de las paredes de la fábrica e ir a extraer cada vez más valor a las
clases sociales, a la sociedad toda. En todo su espacio; en todo su
tiempo.

– ¿Es ésta la bio-economía?

– Es la vida, los saberes, la cooperación social y espontánea, es decir,
todo lo que está en la esfera de la circulación de la vida como fuente
de valor. La financierización forma parte de este proceso. Y la renta
financiera es la cara monetaria de un valor captado en el cuerpo vivo de
la sociedad. Cooperación, disponibilidad, creatividad puestos a producir
valor. La vida toma el lugar de la tierra, dirían los fisiócratas.[3]Y
en este proceso la ganancia se vuelve renta, quizás también el salario
se vuelve renta. El destino de los trabajadores ha sido atado al del
capital a través de fondos de pensión y del vaciamiento del trabajo
mismo. Todo esto es evidente en los Estados Unidos donde los efectos
riqueza se han vuelto extremadamente desiguales. El salario quedó
estanco, se ha desestabilizado, des-estandarizado, precarizado. El
trabajo no consigue más producir para estimular el crecimiento, pero el
capitalismo ha desarrollado enormemente el crédito al consumo para
sostener la demanda y el crecimiento. Sin consumo no se crece y el
leverage que ha colmado la diferencia entre salarios y plusvalor
producido es el crédito. Así, el leverage financiero [4]ha entrado en la
demanda de consumo. Y esto ha funcionado hasta el año pasado. Creo,
entonces, que para entender la desembocadura de esta crisis es necesario
entender qué hay de nuevo en el capitalismo financiero.

– En la bio-economía es central la diferencia entre quien sabe y quien
no, entre quien participa de la clase financiera y quien la sufre. Esta
asimetría de conocimiento, de poder, ¿está cayendo?

– El sistema es, de por sí, mentiroso. Es una clásica asimetría de
crecimiento. Lo explica bien Foucault: el poder debe producir saber,
detentarlo y además extirparlo de la gente. Los mercados funcionan por
ondas de convenciones –Internet, la China, las inmobiliarias–, han
producido movimientos de opinión pública históricamente orientados a
construir objetos para desviar la producción del deseo. Internet y la
new economy en los años ’90, la China como país emergente a caballo del
siglo XX y, luego, la convención inmobiliaria como nueva frontera. Las
convenciones no son nunca verdaderas, pero son reales. Producen. Dentro
de la financierización no hay sólo papeles. Hay crecimiento. La new
economy permitió conectar tres cuartas partes del planeta. Y cuando
estalló la crisis de las dot.com sus redes fueron vendidas a precios
miserables. La entrada de la India en el club de los países con altas
tasas de desarrollo sucedió, precisamente, en esta fase: ha comprado las
redes e invertido y trabajado. El caso inmobiliario actual es aun más
interesante. Las casas en los Estados Unidos fueron construidas, no son
ficción, pero, luego, quien obtuvo la casa por medio de una hipoteca
subprime, la perdió, y terminó llevándose los accesorios o sacando las
baldosas. He aquí lo que, me parece, hace saltar las finanzas y es la
diferencia entre el derecho de propiedad social y la propiedad privada.
¿Cuál es la diferencia entre las casas populares hechas con dinero
público y con planes sociales o dejar que el mercado construya las
casas? El mercado sabe construir, pero no sabe socializar. Y sobre esto,
tarde o temprano, cae. Existe una suerte de comunismo del capital que no
ha encontrado y que no encontrará nunca una disposición adecuada,
justamente, desde el punto de vista propietario.

– ¿Le estás hablando a la izquierda? ¿Hay algo de su análisis que no te
convence?

– Lo que veo que no terminamos de digerir es este elemento expansivo de
las financierización que nos obliga a pensar de formas de lucha en las
que estamos forzados a poner en tela de juicio los principios, como el
concepto de propiedad. Si existe sólo el individualismo propietario o
patrimonial, que parece ser la nueva definición del homo economicus
post-fordista, ¿cómo hacemos políticamente —e, incluso,
organizativamente— para volver a proponer la propiedad social,
colectiva, lo público en general o lo común? Vale, también, para el
saber colectivo, para las relaciones sociales, etc., para todo aquello
que nosotros producimos y que tenemos en la bio-economía. En el fondo,
estamos como los “commons” del 1600 inglés, las tierras cercadas que han
dado lugar a la propiedad y al capitalismo. Somos, de nuevo,
fisiócratas. Y la financierización permite crear nuevos cercos, crear
escasez dentro de la abundancia. En este contexto, por ejemplo, no hay
falta de liquidez en el sistema, como tampoco hay falta de viviendas. La
única cosa escasa en este sistema son los derechos sociales.

– Y desde el punto de vista de la macroeconomía, ¿cuáles son tus
previsiones?

Puedo sólo responder por los datos que surgen día a día. Los indicios
son muy negativos, tanto en EEUU como en Europa. Es la recesión. Pero
veo también un serio riesgo de estagflación. Hay señales de disminución
del consumo, pero la duplicación del déficit público norteamericano nos
coloca un interrogante sin precedente. Aun tutelado y protegido por
todos los bancos centrales, ¿puede resistir y hasta cuándo? Cualquier
otra moneda se hubiera desplomado. Por el momento, si bien el
intercambio con la Unión Europea es mayor, China no ha abandonado a los
EE.UU. Es un mercado demasiado importante y rico. Pero estamos cerca del
momento en que podría desviar hacia Europa sus intereses, ¿y quién
sostiene el dólar? ¿Y qué hacen los operadores del petróleo con todos
sus bienes y con todos los mercados valuados en dólares? ¿Se dejan
arrastrar por la devaluación? No creo. Actuarán.

En Norteamérica muchos comentaristas apuestan al fin de la “superclase”
del 1% —aquellos que toman decisiones y que detentan el capital
financiero— y al retorno de la clase media. Otros apuestan a los países
emergentes… Es verdad que hay un fuerte crecimiento, en los límites
ambientales, de las clases medias en los países emergentes. Pero el
modelo norteamericano no es duplicable: se puede sólo re-distribuir, es
decir, desplazar a super-consumidores de un país a otro. Pero se puede
ver la otra cara de la cuestión. Aquella que dice que estamos todos en
el mismo barco. La llamada a apretarse el cinturón. Me acuerdo de cuando
Greenspan, en los primero años de esta turbulencia, dijo que era
necesario enfrentar absolutamente la cuestión de los salarios. Lo han
dicho un poco todos. Pero hace 20 años que los trabajadores se
encuentran en jaque, desde las condiciones de negociación y el contexto
legislativo y fiscal hasta los salarios y el poder adquisitivo. Y ahora
nos piden unidad y sacrificio. Está en la izquierda reconstruir un modo
y un recorrido para que exista un cambio político en esta fase de
tensión y de conflicto. Yo creo que es necesario salir de la óptica
salarial y crear una perspectiva de renta social. Cada uno de nosotros
produce una riqueza, no solo monetaria, en la sociedad. Debemos ser
capaces de ponerla en valor y razonar sobre la propiedad social, sobre
los derechos sociales. Es difícil, ya que implica poner en cuestión
nuestras propias certezas. Pero es necesario hacerlo.

[1]Marazzi, Christian, El sitio de los calcetines. El giro lingüístico
de la economía y sus efectos sobre la política, Madrid, Ed. Akal, 2003.
(N.delT.)

[2]Programa de TV emitido por La7.it que le da amplio espacio a las
cuestiones de política e historia. El día mismo de esta traducción, por
ejemplo, L’Infedele interroga a Toni Negri sobre la crisis mundial. En
el estudio participan: el presidente de la comisión de Finanzas y Tesoro
del Senado, Mario Baldassarri; los economistas Marcello De Cecco, Maria
Weber, Marco Onado, Salvatore Bragantini; la periodista estadounidense
Patricia Thomas de Associated Press Television News y el periodista
Giorgio Meletti. Se puede ver
enhttp://www.la7.it/approfondimento/dettaglio.asp?prop=infedele.
(N.delT.)

[3]Se refiere al movimiento de pensamiento del siglo XVIII que destacaba
el valor de la agricultura en relación al del comercio o al de la
producción. (N. de R.)

[4]En italiano se utiliza leva finanziaria como derivado del tecnicismo
inglés leverage (de lever, palanca). En castellano podría traducirse
como apalancamiento o efecto palanca. A fin de evitando confusiones
conceptuales, optamos por mantener el concepto en inglés. (N.delT.)

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